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Aurora Gámez presenta el libro "Bajo un cielo añil" de Ana Herrera Barba en el CAL de Málaga

SINOPSIS :  "Bajo un cielo añil" de Ana Herrera Barba

El poemario se estructura en cuatro grandes bloques temáticos. En el primero, "Del tiempo", la autora expresa su nostalgia ante el paso del tiempo, encarnada en personajes, lugares, y momentos importantes de su existencia. Una mirada a la historia nos conduce, a través de un bello canto poético, hasta mujeres brillantes del pasado que han permanecido en la sombra. "Del amor", es una exaltación de la relación amorosa expresada a través del deseo carnal, la admiración por el otro, la intensidad de los sentimientos vividos en situaciones de cotidianidad. "De la vida", reúne un conjunto de poemas que enfocan su mirada en el acontecer de las circunstancias del ser humano inmerso en su presente.  El entronque entre estos cuatro bloques temáticos es bien patente a lo largo de toda la obra. Así ocurre en "De la muerte", donde la angustia existencial ante las guerras, el sufrimiento, el drama de los migrantes, el propio dolor y la muerte, se expresan en versos sensibles y apasionados que ponen de manifiesto la extraordinaria esencia lírica de su autora. La invitación al gozo, a la vida, a la persecución de los sueños se convierte en el hilo conductor que alienta su poesía.                                               



PRÓLOGO "La vida me invita a soñar, la vida me invita a vivir""Llegas, silenciosa, secreta, armada,/(...) y despiertas los furores, los goces,/y esta angustia sin fin/que enciende lo que toca...". Así concibe Octavio Paz la poesía en un bello poema dedicado a la misma; esa música escrita con palabras que trasciende la estricta realidad, la acapara y la impregna de colores suaves o grises y de melodías lentas o vivaces, con las que el amor, el dolor, la plenitud de vivir o los anhelos y la angustia se subliman y se elevan más allá de lo tangible. La realidad, así, es objeto de expresión, y esta, a su vez, la transforma en la mente del poeta y de sus futuros lectores. "Que el verso sea como una llave/que abra mil puertas", escribió Vicente Huidobro en el poema "Arte poética". Ana Herrera recoge esa realidad, su propia realidad de la que forma parte, y la convierte en verso en un poemario que es la expresión del amor, de la vida y de la muerte, tal como hiciera Miguel Hernández en el poema "Llegó con tres heridas": amor, vida y muerte. Los pilares básicos en los que se sustenta la literatura y, más concretamente, la poesía; y, como elemento vertebrador de estos tres conceptos: el tiempo, que todo lo recorre. La primera parte, "Del tiempo", está formada por dieciocho poemas y un texto escrito en prosa poética, en los que la autora muestra una doble faceta de este concepto: lo temporal como marco en el que el yo poético percibe su propia existencia con una mirada abierta al exterior, donde cabe el amor ("y he querido atrapar el tiempo/sobre mi piel bronceada de besos"), la belleza de cuanto le rodea que es a su vez belleza en la percepción de sus emociones ("Hoy he visto amanecer sobre la tierra"), la plenitud de sentirse viva ("Es el tiempo 14de las horas felices"), y la nostalgia de lo ya vivido ("siento que la nostalgia me envuelve"); y el tiempo como contexto en el que existieron determinados personajes históricos o míticos (fundamentalmente femeninos) a los que la autora desea visibilizar y recuperar la memoria de sus vidas mediante la palabra poética. Cuatro poemas dedicados a cuatro mujeres del pasado: una mujer cuya historia es narrada en la Estela de Imhotep (Museo Británico de Londres), Hipatia (primera mujer científica y filósofa de Occidente), la princesa omeya y poeta del siglo XI Walläda, y la princesa hindú Mumtaz Mahal. Junto a estos cuatro, otro poema trata del personaje de la mitología griega, Héctor, que simboliza un ideal de hombre como antítesis de "las fauces negras del destino". Esas cuatro historias singulares de estas mujeres pertenecientes al pasado son recopiladas de nuevo en el poema "El tren de los tiempos" en el que la mujer, el amor y los sueños son ejes del mismo. El tema de la mujer es recurrente en el conjunto de la obra de Ana Herrera. Sus personajes femeninos (reales o ficticios) adquieren relieve en sus textos en un intento por devolverles el protagonismo que la historia y la literatura les han negado. Razón por la cual no solo le dedica cuatro poemas a esas mujeres concretas ya citadas y con las que en ciertos aspectos con algunas de ellas la autora se siente identificada, sino que también se dirige a la totalidad de las que han sido y son anónimas en todos los tiempos mediante un texto escrito en prosa poética en forma epistolar, titulado "Carta escrita por una mujer", dedicado expresamente "A una mujer del pasado, del presente y del futuro". Se trata de un monólogo del yo poético dirigido a mujeres desconocidas y anónimas cuyas vidas discurren en un marco temporal distinto de la autora, lo que, en cierto modo, me trae a la memoria el poema de Luis Cernuda "A un poeta futuro", del libro Como quien espera el alba. En la tercera parte del poemario aparecerá otro texto con el mismo título, igualmente escrito en prosa poética, pero 15esta vez dedicado "A la mujer que llora y sabe despertar", y en el que, junto a otros poemas como "Inés la loca" y "Yo nací libre", se aborda desde la lírica el tema de la sumisión de la mujer y de la violencia de género, con el que la poeta se siente comprometida. Por otro lado, el amor y el deseo de sentirse amada fluye por todo el libro. En poemas como "Desde el alféizar", referido a la poetisa andalusí Walläda, o "Bella princesa", que alude a la historia de Muntaz Mahal, el amor y la sensualidad son expresados de manera sublime, anticipándose a la segunda parte del libro en la que aquel constituye el tema principal. Emana del espíritu de este poemario una constante invitación a la vida y al gozo, y no importa si se hace mediante el amor, mediante la fantasía o mediante la entrega carnal con la persona amada. Tanto es así, que en el poema "Otoño", en el que el paisaje y el entorno expresan una cierta melancolía a través del "color ceniza" del cielo, del "pájaro solitario que cruza entre los tejados del puerto", o de los "árboles deshojados", es posible, sin embargo, una mirada agradable hacia "... dos bellas rosas/de terciopelo amarillo y vetas de fuego". De tal manera, que ese estado levemente melancólico del sujeto poético, pero sereno a un tiempo, invita a la contemplación y a la poesía, y es un estado emocional que permanece en el transcurrir del tiempo siempre igual. Pese a que las emociones predominantes en el poemario participan de la vida y se superponen a cualquier atisbo de abatimiento, en algunos poemas, sin embargo, surge el instante de debilidad, la contradicción propia del ser humano, ese no saber dónde se está ni hacia dónde se va. En un bello poema titulado "En la aurora del tiempo", de esta primera parte, el sujeto poético siente un "sabor a nada en los labios", y dice: "A un tiempo, TODO y NADA", antítesis que abarca la misma existencia dejada en las mareas del delirio y de los anhelos. Es cuando el tiempo se hace deseo o el deseo tiempo 16en un verso predominante y definitivo de este poema: "Eternamente el deseo". Como respuesta al mismo, la poeta recurre a menudo al sueño, al poder de la imaginación, en el que se sumerge pero sin renegar de su realidad, sino como complemento de la misma. Si hay un término que aparece con más frecuencia que ningún otro en este poemario, probablemente sea la palabra "sueño". Hasta tal punto resulta esencial para la autora la imaginación, la fantasía, que se produce una identificación plena entre vida y sueño. Así en el poema "Sueños de azar" dice: "la vida me invita a soñar" (...) "la vida me invita a vivir". En el mismo se expresa además la nostalgia de un tiempo pasado que se rememora. Se podrían citar muchos ejemplos en el libro de versos en los que la fantasía, el "sueño" es cimiento de la palabra y de la propia existencia, como en el poema "Joya del Nilo", que lo dedica a la mujer que sueña ("A ti, oh mujer que sueña", dirá), concentrándose en esa dedicatoria dos de los temas importantes del libro: la mujer y el poder de la imaginación. Pero, además, este último va de la mano del que confiere a las palabras, a la escritura, declarando en "Sueños de azar" que "el verso me llama/y la palabra me arrastra". A lo largo del poemario son continuas las referencias a personas que han formado y forman parte de la vida de la autora, bien mediante dedicatorias, bien mediante poemas que tratan sobre algunas de ellas de manera específica. Resulta, pues, patente la importancia que para la poeta suponen sus raíces.La segunda parte del libro está dedicada al cónyuge de la autora, y su tema primordial, su núcleo, es el amor, fundamentalmente concebido como un amor pasional, auténtico y profundo entre un hombre y una mujer, a excepción de los tres últimos poemas dedicados a su hijo, a su hija y a su abuelo, respectivamente, y en los que, obviamente, el sentimiento 17amoroso es el propio de una madre o, en el último caso, de una nieta. Casi en todas las composiciones que forman esta parte el sujeto poético aparece en primera persona, en una declaración de amor constante y efusiva de la poeta a su amado. "Cuando estoy contigo", "Te amo", "Tu boca" son algunos de los títulos que dan buena muestra de ese amor pasional que se consuma o que es objeto del deseo, y que tiene como escenario paisajes idílicos, como sucede en los versos de "En la ensenada", en el que la naturaleza es contexto y expresión a la vez de las emociones amorosas, o en lugares cotidianos para ambos como es una habitación, tal como ocurre en el poema "Plenitud". Ese amor entre hombre y mujer es esencial hasta tal punto que se encuentra por encima de las convenciones sociales ("Son amantes. El mundo los niega/y sus corazones rotos en retazos mudos de vacío/dormitan vagamente", dirá en "Amantes"). El sentimiento amoroso es tan profundo que la poeta lo concibe trascendiendo lo meramente temporal. Así lo expresa en los versos del poema "Te amo", con el que la autora hace un guiño poético al titulado "Te quiero" de Luis Cernuda (Los placeres prohibidos). Pero además de ser esencial y profundo, ese amor es expresado de manera sensual ("Siento tu piel bajo los pliegues de mis labios. /Enjugo mi boca en tu boca./Susurro placer en tus oídos", o "Tu boca/ manantial que corre/ amor mío/sobre mi vientre de luz") entre otros muchos versos). Y esa sensualidad que se desliza a menudo en los versos de este libro, adquiere un mayor protagonismo en esta segunda parte otorgando énfasis y sutileza en las maneras de decir las emociones amorosas. Ana Herrera vuelve a hacer otro guiño poético, esta vez a la poesía amorosa de Gioconda Belli. Los escenarios íntimos que tienen lugar en espacios abiertos con elementos de la naturaleza o en la privacidad de una habitación, la forma de concebir el cuerpo y sus sensaciones, y el poder que la sensualidad otorga al momento amoroso culminado o 18deseado, unido todo ello a una claridad expresiva sin ambages ni máscaras, permite un acercamiento con el lector o lectora, quien recibe esa carga emotiva de forma directa como si de una música se tratara. Todos estos elementos y la frescura que desprenden los poemas de Ana Herrera encuentran un hermanamiento con los de la poeta nicaragüense, cada una, no obstante, con su peculiar estilo. De esta segunda parte, quiero destacar unos versos que me han gustado especialmente, pertenecientes al poema titulado "Días y noches": "Cubriré tu boca y tus manos del verde del monte florecido así cuando pasees por mi cuerpo fogoso podré sentir el aliento del cerezo en mis mejillas".La tercera parte de este libro es un canto a la vida que se expresa como emoción plena, como satisfacción y como deseo o sueño en un intento de captar su esencia: "Pero hoy quiero vivir lo no vivido/y soñar lo no soñado", dirá en el poema "Desde el silencio". Se produce aquí nuevamente una identificación entre vida y sueño, conceptos ambos que la autora sitúa en idéntico plano de igualdad, alejándose, sin embargo, del tópico literario que entiende la vida, al igual que lo hiciera Calderón de la Barca en su obra "La vida es sueño", como una ficción de la cual se despierta cuando se está feneciendo o ya se ha fallecido. Para Ana Herrera, en cambio, el sueño o ilusión es parte de la esencia vital y vehículo para captar lo que de la misma no es posible por sí sola, permitiendo de esta forma sentirla con plenitud. Por otra parte, y engarzando con la idea anterior, la vida se conceptúa como un todo. El concepto de universalidad aparece en distintos momentos del poemario. El poema "Universo" expresa el deseo del sujeto poético de captarlo en su plenitud a través de pequeños elementos como un pétalo de rosa, una 19gota en la ventana o una fruta madura, o de conceptos que forman parte de la vida como el amor o el crecimiento de un niño. Esta percepción se refleja con mayor intensidad en el poema "Uno en la inmensidad". En este la carga semántica y expresiva de los versos se muestra contundente, para ello recurre la autora a una enumeración constante de sustantivos, indefinidos, sintagmas cortos, todos ellos separados por puntos en consonancia con la idea de unidad que forma parte de lo universal, de tal manera que la estructura gramatical del poema se convierte en espejo del pensamiento contenido en él. Al mismo tiempo, la casi completa ausencia de tiempos verbales es un recurso más que otorga fuerza expresiva, con la excepción de tres gerundios: "Amando./Soñando. Viviendo", que nos muestra de nuevo la paridad entre el mundo de los sueños o imaginación y la vida, y que, junto al amor esta vez, forman parte de ese todo. Ese gozo vital, ese canto a la vida, aflora de manera nítida en el texto escrito en prosa poética "Esta tarde en la playa: un baño de vida" se describe un momento de gozo ante la contemplación del mar, la lejanía y el entorno, vistos desde la playa. Lo sensitivo emerge con fluidez haciendo percibir la vida como emoción. Cierra el texto la expresión de un anhelo contenido en todo el poemario: "Eternamente el deseo". El vínculo con sus raíces emerge de nuevo en esta tercera parte con el poema "Inés la loca". Las raíces de la poeta definen su vida y así lo ha querido hacer constar en este libro. Pero no solo las personas cercanas y sus respectivas historias son cimientos que ella alumbra con sus versos, sino también el pueblo donde nació y en el que vivió sus años de infancia, adolescencia y juventud. Por ello, con el texto "Retrato de Campoblanco" quiere rendir homenaje a Campillos al insertar en este poemario un fragmento de su novela "Hasta que los muertos lleguen al cielo" (Ediciones Adhara, 2013), en la que cuenta historias reales de vecinos de allí y del propio pueblo 20que acaecieron durante la Guerra Civil española. El lirismo de este fragmento y la necesidad de expresar el vínculo profundo que la autora siente con sus raíces, justifican sobradamente la inclusión del mismo en estas páginas.La última parte del libro, como su título indica, trata de la muerte. Son abundantes las imágenes, la adjetivación y los recursos estilísticos con los que se expresan la melancolía, el silencio y la pesadumbre como emociones enraizadas con el final de la vida o con la incertidumbre. "Hay un silencio que fluye/del Universo/que duerme", dirá en el poema "Silencio". Emerge un halo mortecino y apesadumbrado en buena parte de los versos en forma de enigma o de angustia vital, también de dolor. "Y esta angustia sin fin/que enciende lo que toca", expresaba Octavio Paz en su poema "La poesía", como dije al principio. Aprovecha la autora este espacio lírico en el que la desolación aflora, para manifestar su contundente repulsa contra la guerra en un poema cuyo título ya es indicio de esperanza: "Bella libertad". La esperanza pese a todo, la esperanza siempre. Y esta se materializa en "la palabra de los poetas" o en "el esplendor de una sonrisa" que acaricia la gloria. Pero, además, están las flores, que no solo constituyen símbolos de esperanza, sino que al mismo tiempo son manifestación de amor y vínculo con la persona que ya no está. En un bello poema titulado "Todo flores" dirá de forma sublime la poeta "pues mientras subsista la belleza del recuerdo/alguien volará sobre el jardín de las mariposas dormidas". Cierra esta última parte un poema realmente emotivo. A mi modo de ver, uno de los mejores de este libro por la carga lírica que encierra. En él se resume todo el significado que la muerte tiene para la autora, y así lo titula ("De la muerte") para remarcar adrede esa significación. Se trata de un poema en el que se describe ese momento o tránsito definitivo del padre de la poeta y el profundo dolor que ella siente, con una 21claridad expresiva y con un lirismo de tal altura que cada verso no espera al siguiente para transmitir su propia emoción. A pesar de esa aflicción, el recuerdo persistente del padre y la esperanza de un tiempo nuevo cierran el poema. Definitivamente, la autora concluye esta parte y, al mismo tiempo, el poemario con esa puerta abierta. La esperanza, que forma parte de ese sueño reivindicado en todo el libro por la autora, traza así la última pincelada del mismo.La transparencia en la expresión de percepciones y sentimientos abiertos de par en par es una característica del libro; no exento, sin embargo, de la utilización de recursos estilísticos que otorgan musicalidad y sublimación a las emociones, como en toda buena poesía debe suceder. Abundan las anáforas y, en ocasiones, versos que se repiten a modo de estribillo buscando la sonoridad en la forma y la persistencia en cuanto a lo que se pretende transmitir; destacan igualmente paralelismos, personificaciones muy bien logradas ("el faro en su serenidad divisa la lejanía" o "el color de agosto maniatado"), adjetivaciones de elementos percibidos por el sujeto poético que reflejan el estado anímico del mismo ("el cielo de color ceniza", "algún pájaro solitario"), hipérboles interesantes ("Ese segundo que pasa se lleva la vida", verso bellísimo, por cierto), metáforas ("El tren de los tiempos", "espejo de luna", referido al mar), símil, antítesis, paronomasia (en el título del poema "De besos y versos"), enumeraciones y una cantidad ingente de imágenes que redundan en el lirismo de la palabra poética bien ejecutada. Por otra parte, como ya señalé antes, este poemario abarca los pilares fundamentales de la literatura. Ana Herrera no ha focalizado su atención sobre un aspecto concreto de alguno de ellos, sino que su mirada es amplia y globalizadora, circular y con vocación de plenitud, definidora y definitiva. Una cosmovisión particular de su particular vida y de su entorno, 22que va ampliándose en círculos concéntricos desde lo ínfimo a lo universal, y desde lo tangible a lo imaginario. En el poema "Sueños de azar", de la primera parte, la autora declara espléndidamente en varios versos lo que, a mi juicio, constituye uno de los principales núcleos del libro: "Hoy, cuando el verso me llama y la palabra me arrastra, la vida me invita a soñar" (...) "Hoy, cuando el verso me llama y la palabra me arrastra, la vida me invita a vivir"Vida y sueño van de la mano, porque para Ana Herrera este es oxígeno de aquella, y ambos participan de idéntica esencia. Y en ese sueño tiene mucho que decir la poesía, tal como el mismo poema de Octavio Paz con el que inicié este exordio dice al referirse a ella: "Eres tan solo un sueño, pero en ti sueña el mundo y su mudez habla con tus palabras".Y este poemario, desde la sublimación y la lírica, desde la emoción convertida en palabra poética que trasciende la estricta realidad y la transforma en melodía, así lo cumple. Fuensanta Martín Quero Poeta y escritora perteneciente a la Asociación de Mujeres por la Literatura y las Artes (ALAS) y a la Asociación Internacional Humanismo Solidario 







   

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